guía para familias
Este relato es un caso ilustrativo basado en patrones comunes en el proceso de recuperación. No corresponde a ninguna persona real ni a ningún paciente de Vértice Plana. Su propósito es acompañar a quienes se reconocen en situaciones similares.
Dejé de llamarlo problema
Durante mucho tiempo tuve una palabra para todo. Una sola. Estrés.
El estrés del trabajo. El estrés de llegar tarde. El estrés de una semana difícil que terminaba el viernes con tres gin-tonics en lugar de uno. El estrés era mi explicación universal. Y funcionaba, porque todo el mundo lo entendía. Nadie preguntaba más.
Lo que no me decía a mí mismo era que el miércoles también bebía. Y el martes. Y que el lunes por la mañana, antes de entrar a la oficina, ya estaba pensando en la noche.
El momento en que algo cambia
No fue una gran crisis. No fue que me despertara en un hospital ni que perdiera el trabajo de golpe. Fue algo mucho más pequeño y, por eso mismo, mucho más difícil de ignorar.
Mi hijo me preguntó por qué siempre olía a lo mismo cuando le daba las buenas noches. Tenía nueve años. No lo dijo con maldad. Solo preguntó.
Me quedé sin respuesta. Y esa noche, por primera vez en mucho tiempo, no me serví nada.
Duré dos días. Al tercero volví. Y ahí fue cuando entendí que aquello no era estrés.
Lo que me frenaba no era el miedo al tratamiento
Cuando por fin me lo dije a mí mismo —que tenía una conducta adictiva con el alcohol, que llevaba años dependiendo de algo para funcionar— lo primero que sentí no fue alivio. Fue vergüenza.
Pensé en todo lo que implicaba reconocerlo. Que alguien lo sabría. Que tendría que dejar de trabajar para ingresar en algún sitio. Que mi vida, tal como la conocía, se detendría.
Lo que no sabía entonces es que eso no es lo que ocurre. Que existen centros de tratamiento ambulatorio donde puedes seguir con tu vida mientras trabajas el problema. Sin abandonar tu trabajo. Sin desaparecer. Sin que todo tu entorno tenga que enterarse si no quieres.
El miedo que tenía estaba basado en una imagen que no correspondía a la realidad.
Pedir orientación fue más fácil de lo que pensaba
La primera vez que busqué información no llamé a nadie. Hice un test anónimo en una web. Solo quería saber si lo que me pasaba tenía nombre. Si era yo exagerando o si realmente había un patrón.
El resultado no me dijo nada que no supiera ya. Pero verlo escrito, de forma objetiva, sin juicio, hizo algo. Le quitó parte de la carga de cargarlo solo.
Después llamé. Me escucharon. No me pidieron que lo contara todo de golpe. Me explicaron cómo funciona el proceso de tratamiento en Castellón y qué opciones había según mi situación.
Lo que nadie te cuenta sobre empezar
Que no empieza el día que llamas. Empieza mucho antes, en ese momento en que dejas de llamarlo estrés y le das su nombre real. Eso es lo más difícil y lo más importante.
A partir de ahí, hay personas que saben acompañar ese camino. Que han visto situaciones como la tuya y que no van a mirarte como si fueras un caso clínico, sino como alguien que ha decidido cambiar algo.
Si estás en ese punto —ese momento en que algo te ha hecho parar y preguntarte— no esperes a que la crisis sea mayor. El momento es este.
Este artículo tiene carácter informativo y divulgativo y no sustituye una valoración profesional individualizada. La Asociación Vértice Plana es una entidad sin ánimo de lucro en proceso de inscripción en el Registro de Asociaciones de la Comunitat Valenciana y de tramitación del NIF definitivo. El Centro Vértice Plana se encuentra en fase previa a la apertura, en proceso de tramitación de las autorizaciones administrativas previstas en el Decreto 132/2010 de la Generalitat Valenciana. La información publicada no constituye oferta de servicios sanitarios. En caso de urgencia, contacta con tu centro de salud, con tu UCA de referencia o con el 112.
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